Frankenstein de Mary Shelley y la relectura de Guillermo del Toro
El sábado 30 de agosto de 2025, la 82ª Mostra de Venecia acogió el estreno mundial de Frankenstein de Guillermo del Toro. La proyección culminó con una ovación prolongada —medios presentes la situaron en torno a los 13-15 minutos— y fijó el tono de lectura pública: una obra que busca conmover antes que asustar, con el director y su elenco subrayando el centro humano de la historia.
Más allá del dato noticioso, la coyuntura invita a volver al origen literario del mito y a preguntarnos qué significa “lo monstruoso” hoy. Este artículo ofrece un mapa de lectura para el lector de Anabasis Project: de Mary Shelley a Del Toro, del laboratorio a la comunidad, de la técnica a la responsabilidad.
1) Un origen moderno: Villa Diodati, 1816; edición príncipe, 1818; revisión, 1831
El nacimiento de Frankenstein; or, The Modern Prometheus está sólidamente documentado: el germen se sitúa en el “verano oscuro” de 1816, en el círculo de Villa Diodati (Ginebra), y la primera edición vio la luz en 1818 (anónima), seguida por la versión revisada de 1831. Estos hitos no solo enmarcan un relato gótico, sino una meditación moderna sobre la creación, la responsabilidad y los límites del conocimiento.
Volver a Shelley es recordar que su novela no es “sobre” un monstruo, sino sobre los actos que lo hacen posible y las omisiones que lo degradan. La criatura de Shelley articula una ética de la mirada: lo que la sociedad no está dispuesta a reconocer —el rostro del otro— retorna como reproche. (Para una lectura académica canónica, véase Anne K. Mellor).
2) El núcleo ético de Shelley: crear, responder, reparar
Tres tesis —breves y operativas— ayudan a ordenar la lectura:
- La creación sin cuidado es abandono. Victor Frankenstein concibe, ejecuta y… huye. La deserción del creador, más que la técnica de la animación, es el pecado original del relato: el “nacimiento” de la criatura carece de vínculo, palabra y reconocimiento. En términos contemporáneos, Shelley dramatiza un “déficit de gobernanza” de la innovación. (Mellor enfatiza que la novela funciona como advertencia ética antes que como fábula epistemológica).
- El monstruo como espejo. La criatura habla, lee, padece; reclama un lugar en la comunidad y, al serle negado, aprende la violencia que la sociedad le devuelve. Su “monstruosidad” no es intrínseca, sino relacional: surge del régimen de exclusión que enfrenta.
- Responsabilidad extendida. Shelley sugiere que el deber no concluye con el acto de creación; comienza allí. “Responder por” implica sostener, educar, integrar y —cuando es necesario— reparar.
Estas tres claves sitúan a Frankenstein dentro de la genealogía de la literatura moderna como crítica de la hybris científica y del individualismo abstracto.

3) La relectura de Guillermo del Toro: más corazón que horror
La película presentada en Venecia (149 minutos; producción Double Dare You / Demilo Films / Bluegrass 7; ventas: Netflix) confirma la orientación humanista que Del Toro viene subrayando en encuentros públicos recientes: su interés está en los vínculos —padres e hijos, creadores y criaturas— más que en el escalofrío. El reparto principal —Oscar Isaac (Victor Frankenstein), Jacob Elordi (la Criatura) y Mia Goth (Elizabeth)— ancla la narración en la intimidad afectiva, con una criatura interpretada como sujeto vulnerable antes que como amenaza anónima.
El propio Del Toro ha insistido en que esta Frankenstein es “más corazón que horror”, una historia personal sobre filiación y responsabilidad; Oscar Isaac ha descrito públicamente la película como un relato “autobiográfico” sobre padres e hijos. Esta línea de lectura, reforzada por las reacciones en Venecia, orienta la recepción hacia la dimensión ética del mito.
Nota de calendario. Diversas fuentes de industria señalan un recorrido mixto: exhibición limitada en salas en octubre y disponibilidad en Netflix a inicios de noviembre de 2025 (fechas exactas pueden variar por territorio). Úsese como referencia general.
4) Puentes temáticos: de Shelley a Del Toro
A la luz del texto de 1818/1831 y de la puesta al día de 2025, proponemos cuatro “puentes” de lectura comparada:
a) Creación y cuidado.
- Shelley: la criatura nace sin mediación afectiva ni nombre; la comunidad le niega rostro.
- Del Toro: la criatura es mirada de frente —cuerpo, gesto, silencio—; el foco no es la técnica de su animación, sino el vínculo que falta o se construye. Hipótesis de lectura: la película desplaza el énfasis del “cómo” al “para qué” y “con quién”.
b) Responsabilidad y culpa.
- Shelley: la culpa de Victor es omisiva (abandono); su persecución final es autodestructiva.
- Del Toro: el arco dramático apunta a la asunción (o eludir) de responsabilidad, con resonancias actuales (paternidad, instituciones, tecnologías).
c) Alteridad y reconocimiento.
- Shelley: la criatura aprende la lengua y la moral por imitación y lectura; pide contrato social.
- Del Toro: la criatura se propone como sujeto sensible —una vida que vale— y desplaza la pregunta: ¿quién es “el monstruo” cuando la comunidad falla?
d) Naturaleza y límites.
- Shelley: paisaje alpino, hielo y tormentas son espejo del desorden ético.
- Del Toro: la imaginería del cuerpo creado convive con el paisaje afectivo —hogares, talleres, laboratorios— como escenarios de decisión moral.
5) ¿Por qué importa hoy? Técnica, política del cuerpo y gobierno de la innovación
El arquetipo Frankenstein se ha convertido en atajo conceptual para denunciar cualquier exceso tecnológico. Sin embargo, la lección de Shelley —y la relectura de Del Toro— es más fina:
- El problema no es la técnica, sino su orfandad. Una creación sin comunidad de cuidado genera daño, incluso si la técnica “funciona”.
- La ética es institucional. La responsabilidad no recae solo en el individuo-creador, sino en marcos que supervisan, limitan y acompañan: laboratorios, editoriales, productoras, plataformas.
- El “rostro del otro” como prueba. Cuando un sistema niega reconocimiento —por diferencia corporal, de origen o estatus—, produce monstruos: no porque cree seres, sino porque fabrica exclusiones.
Estas conclusiones dialogan con debates contemporáneos —bioingeniería, datos, IA generativa— sin caer en equivalencias simplistas. El punto no es demonizar la innovación, sino recordarle su obligación de cuidado.
6) Epílogo de coyuntura: lo que nos dice Venecia
Que la película haya despertado una recepción emocional —y no solo “de género”— confirma la vigencia del arquetipo: el público reacciona ante la pregunta por lazos, cuidados y deudas mutuas. El arte —literario y cinematográfico— cumple aquí su función política mínima: recordarnos que toda técnica es un compromiso con alguien. La Mostra 2025, al situar la criatura en el centro del salón, nos devuelve al espejo de Shelley y nos obliga a responder.
Próxima entrega (mañana martes): El monstruo como espejo social: del Golem al Doble.
Anabasis Project
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