La cooperación económica y cultural abierta —comercio, intercambio de técnicas y migraciones— genera más valor y prosperidad a largo plazo que las políticas de cierre. La reciente Cumbre de Líderes de APEC 2025 en Gyeongju (República de Corea, 31 de octubre–1 de noviembre de 2025) ofrece un marco actual para comprender una verdad histórica ya visible entre los siglos XVI–XVIII con el galeón de Manila. En ambos casos, un océano-red articula bienes, ideas y personas.
1) APEC 2025: continuidad de una red abierta
Los líderes de APEC —bloque de 21 economías que representa en torno a la mitad del comercio mundial y cerca de tres quintas partes del PIB global— se reunieron en Gyeongju bajo el lema “Building a Sustainable Tomorrow: Connect, Innovate, Prosper”, enfatizando conectividad, innovación y prosperidad compartida. La declaración de líderes sitúa explícitamente esas prioridades y el calendario de reuniones; además, los comunicados y coberturas periodísticas subrayan el llamado a beneficios compartidos del comercio y discusiones sobre IA y demografía como retos regionales que requieren cooperación, no repliegue.
Idea clave para el lector de Anabasis Project. El valor de APEC no es solo arancelario: es infraestructura de confianza entre países que comparten rutas marítimas y cadenas de suministro en el Pacífico. Esa confianza multiplica intercambios y, con ellos, conocimiento y riqueza.
2) El precedente temprano: el galeón de Manila (1565–1815)
La arquitectura histórica de esa apertura se reconoce en la gran ruta transpacífica establecida tras el tornaviaje de Fray Andrés de Urdaneta (1565), que identificó el retorno por la corriente de Kuroshio, haciendo viable un circuito estable entre Filipinas y Nueva España. Desde entonces, durante dos siglos y medio, el galeón conectó Manila–Acapulco, moviendo plata americana, manufacturas y sedas asiáticas, técnicas, plantas, gustos e imágenes.
No fue solo “comercio de objetos”: también migraciones y oficios. Investigaciones sobre los llamados “indios chinos” y otros actores asiáticos muestran su papel como marineros, artesanos, vinateros y mercaderes, y cómo su trayectoria jurídica y social transformó espacios novohispanos. Esta dimensión humana prueba que abrir rutas produce capital social y transferencia de saberes además de riqueza material.
3) Apertura vs. cierre: una lección comparada
En historia económica, los regímenes de apertura tienden a elevar productividad y aprendizaje colectivo, mientras que los cierres reducen el flujo de información y la adaptación tecnológica. El caso de Japón bajo el “sakoku” (1630s–1853)es ilustrativo: política de restricciones severas al contacto exterior (con excepciones como Dejima para holandeses o el canal con Corea), que preservó estabilidad interna pero limitó el intercambio amplio hasta la apertura del siglo XIX. Es decir, no fue un aislamiento absoluto, pero sí un entorno de baja permeabilidad en comparación con rutas dinámicas como la del Pacífico hispano-asiático; la posterior apertura facilitó una rápida modernización.
Contraste operativo.
- Modelo abierto (galeón/actual APEC): redes extensas → diversidad de insumos y talentos → innovación y difusión de técnicas → creación de valor.
- Modelo restringido (sakoku): vínculos limitados y controlados → menor circulación de ideas y capital humano → menor dinamismo agregado.
4) Del “mundo-circuito” al “océano-red”
Hoy, APEC recuerda que el Pacífico sigue siendo un sistema nervioso global: rutas marítimas, puertos logísticos, cables submarinos de datos y plataformas de innovación entrelazan ciudades desde Seúl y Tokio hasta Manila, Singapur, Acapulco y San Pedro. La lógica que hizo posible el tornaviaje —leer corrientes, vientos y tiempos— es análoga a la que hoy gestiona datos, talento y capital: coordinar para crear.
Así mismo, la ruta del Galeón de Manila no fue simplemente un intercambio más: según los estudios, esta vía constituyó el último vínculo conectado significativo entre continentes que permitió lo que hoy llamamos globalización, al unir Asia, América y Europa en un mismo circuito comercial y cultural. Esta apertura plena del Pacífico marcó un salto cualitativo: al abrirse esas aguas al intercambio, se abrió paso a múltiples flujos —mercancías, saberes, personas— que generaron nueva abundancia y riqueza intercontinental.
5) Para cerrar (y abrir)
El mensaje para nuestros lectores es claro: cuando las sociedades intercambian bienes, técnicas y personas, la abundancia crece; cuando se cierran, disminuye la capacidad de aprender del mundo. El Pacífico nos enseña, ayer y hoy, que la cooperación inteligente multiplica prosperidad.
Nota editorial. Este artículo inaugura la serie “El océano de las conexiones”, antesala a una segunda serie —la próxima semana— sobre técnicas, sabores y mestizajes del Pacífico colonial.
Anabasis Project
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