El bosque que abastecía de leña a Guadalajara enfrentó a pueblos vecinos a fines del virreinato. Ramón Goyas Mejía reconstruye en Letras Históricas una disputa por El Llano Grande, en el entorno del actual Bosque La Primavera. La ciudad necesitaba combustible para cocinar, alumbrarse y sostener oficios, mientras la extracción y venta de madera, carbón y leña daba sustento a comunidades indígenas. Por eso, decidir quién podía entrar al monte tenía consecuencias materiales para más de un pueblo.
En 1784, Salvador Miguel, alcalde de San Agustín, pidió a las autoridades la regularización de El Llano Grande porque su comunidad carecía de montes suficientes. Santa Ana Tepetitlán objetó: alegaba una posesión antigua y dependía de la fabricación de carbón. El expediente, estudiado por Goyas Mejía, registra la inspección del terreno y los argumentos enfrentados. El 20 de septiembre de 1790, la Real Audiencia de Guadalajara concedió el predio a San Agustín por 150 pesos; la decisión se confirmó en 1791 e incluyó la obligación de aprovechar el monte sin talarlo por completo.
El pleito revela que las comunidades indígenas tampoco formaban un bloque con intereses idénticos. Cerca de El Llano Grande, Santa Ana, Santa María Tequepexpan y San Sebastián habían disputado otros montes cuyo uso común fue reconocido por la Audiencia. En este caso, Santa Ana invocaba su aprovechamiento de larga data, pero no contaba con un título de propiedad del paraje; San Agustín buscó obtenerlo mediante el procedimiento legal. El fallo estableció una titularidad, aunque los desacuerdos por el acceso a la madera y la leña siguieron apareciendo en los años posteriores.
Esta historia invita a mirar el bosque como lugar de trabajo, subsistencia y autoridad, además de paisaje. Los documentos muestran solicitudes, resoluciones y conflictos; no permiten calcular cuánto bosque se perdió ni atribuir a un litigio los cambios ambientales de la región. La pregunta que deja el caso es concreta: cuando un recurso sostiene a varias comunidades y abastece a una ciudad, ¿quién decide las reglas para utilizarlo? La respuesta colonial dependió tanto de los usos previos como de los títulos reconocidos por las autoridades.