Los secretos invisibles de un libro del Renacimiento

Un libro puede guardar secretos que no aparecen escritos en ninguna de sus páginas. En la biblioteca John Rylands de la Universidad de Manchester se conserva un volumen que reúne dos manuales de medicina publicados en Augsburgo, Alemania, en 1531, por Bartholomäus Vogtherr. Sus páginas contienen recetas contra dolores, enfermedades y molestias cotidianas; también anotaciones añadidas por quienes las consultaron durante los siglos XVI y XVII. Casi quinientos años después, una investigación publicada en The American Historical Review ha encontrado otra clase de testimonios: restos microscópicos de sustancias que quedaron adheridos al papel y que ofrecen nuevas pistas sobre la medicina practicada en los hogares renacentistas.

El equipo interdisciplinario dirigido por el historiador Stefan Hanß combinó el estudio histórico de los ejemplares con imágenes multiespectrales y técnicas de proteómica, utilizadas para identificar proteínas y sus fragmentos. Mediante pequeñas películas de muestreo colocadas sobre áreas seleccionadas del papel, los investigadores recuperaron señales bioquímicas sin tener que recortar las hojas. La operación exige cautela: una proteína no lleva escrita su fecha y algunas huellas pueden proceder de manipulaciones posteriores. Por ello, los análisis de laboratorio se cotejaron con las notas manuscritas, los tratados médicos y la documentación de la época. La ciencia aporta indicios; la interpretación histórica les proporciona contexto.

Algunos resultados son sorprendentes. El estudio señala indicios compatibles con ginseng cerca de recetas relacionadas con el cuidado y la coloración del cabello. Identificó también fragmentos de colágeno que podrían corresponder a hipopótamo, junto a remedios para dolencias de la cabeza. Esta última identificación es provisional y no demuestra por sí sola que un lector utilizara tal material como medicamento. Sin embargo, recuerda hasta qué punto la cultura médica del Renacimiento estaba conectada con circuitos comerciales de larga distancia. Junto con ingredientes locales, circularon plantas, especias y sustancias animales cuyo prestigio terapéutico se discutía, probaba y transmitía de una generación a otra.

Las anotaciones manuscritas revelan, además, una historia profundamente humana. En 1624, Anna Wolff Jacob Grallandtin dejó constancia de haber enviado el libro a Madalena Oettlin, quien había sido su nodriza: una pista sobre la circulación familiar de los remedios y el papel de las mujeres en los cuidados domésticos. Las cocinas y los hogares también fueron espacios de observación y experimentación, aunque sus protagonistas rara vez figuren en los grandes relatos científicos. Este estudio muestra cómo un libro antiguo puede ser, a la vez, texto, objeto y archivo material de vidas pasadas. Investigación de Stefan Hanß y colaboradores: The Scientific Analysis of Renaissance Recipes: Proteomics, Medicine, and the Body in the Material Renaissance (The American Historical Review, 2025).


Fuente: Stefan Hanß et al., “The Scientific Analysis of Renaissance Recipes: Proteomics, Medicine, and the Body in the Material Renaissance”, The American Historical Review (publicado el 19 de noviembre de 2025), DOI: https://doi.org/10.1093/ahr/rhaf405.

Fuente imagen: Library of Congress, vía Wikimedia Commons. Dominio público.

¿Te ha gustado? Comparte en tus redes

Deja un comentario