Dos películas mexicanas del entorno del bicentenario presentaron a Hidalgo y Morelos con debilidades personales sin renunciar a su condición de héroes nacionales. Esa es una de las interpretaciones de Alfonso Ortega Mantecón en un estudio publicado en Letras Históricas en 2017. Su análisis de tres películas estrenadas entre 2010 y 2012 encuentra respuestas distintas ante la representación del pasado: unas incorporan conflictos privados de los protagonistas; otra conserva una exaltación cercana a la historia escolar.
La investigación compara Hidalgo, la historia jamás contada y Morelos, de Antonio Serrano, con la animación Héroes verdaderos, de Carlos Kuri. Examina escenas, diálogos, personajes y valores patrióticos mediante aportaciones sobre cine histórico, nacionalismo y enseñanza. En la primera cinta, por ejemplo, un Hidalgo con hijos y escasa vocación sacerdotal conserva su liderazgo y su defensa de los pobres. La evidencia permite estudiar cómo la película construye al personaje; no acredita por sí misma su biografía.
El contraste matiza la idea de una renovación uniforme del héroe cinematográfico. Ortega Mantecón, apoyándose en Ángel Luis Hueso, vincula las películas de Serrano con una narrativa menos idealizada, abierta a la vida privada, pero señala que persisten mensajes patrióticos y oposiciones entre buenos y malos. Héroes verdaderos, dirigida al público infantil y asesorada por funcionarios de la Secretaría de Educación Pública, refuerza la admiración por los insurgentes. Sus jóvenes protagonistas de distintos grupos sociales sugieren una unión que parece suspender las barreras coloniales: es una representación del filme.
La aportación invita a observar qué selección del pasado transmite cada película, además de atender a sus protagonistas. Para la enseñanza, el autor propone acompañar la proyección con orientación docente y contraste con otras fuentes, distinguiendo información histórica y licencias narrativas. El alcance del estudio exige una cautela: analiza tres obras y sus mensajes, pero no mide las respuestas de los espectadores. Por ello, no permite afirmar que esas representaciones hayan transformado efectivamente la conciencia histórica del público.